Apoyos Monetarios

Articulo

La gran crisis económica de 2007-2008 y la que vive actualmente el mundo ha sido apoyada por estímulos monetarios y fiscales a través de los gobiernos y bancos centrales de los países más desarrollados, favoreciendo a los mercados financieros.

Mientras el COVID-19 sigue acumulando víctimas, las economías de todo el mundo siguen mostrando preocupación por la recuperación. Sobre todo, mientras no haya una vacuna que regrese la confianza total para “salir de casa”.

Algunos países, están abriendo gradualmente sus economías, no tanto porque haya reducido el porcentaje de contagios, sino porque de mantenerlas cerradas, sería mucho más difícil de controlar la crisis económica.

Aunque hemos visto en varios países que se están recuperando algunos indicadores económicos, la realidad es que todavía existen muchas dudas, sobre todo ahora que hemos entrado en una nueva fase de la crisis, que exige nuevas medidas y más agilidad en las políticas para asegurar una recuperación duradera y compartida.

Los grandes bancos centrales, siguen otorgando nuevos estímulos monetarios y fiscales a sus países, adicionales a los que ya se han dispuesto. De acuerdo al Fondo Monetario Internacional, las medidas excepcionales adoptadas por muchos países, incluidos los del G20, con medidas fiscales, alcanzan aproximadamente los US$11 billones de liquidez por parte de los bancos centrales.

En Estados Unidos, el Gobierno había aprobado hasta finales de junio un paquete de estímulos fiscales por alrededor de US$2.6 billones, equivalentes aproximadamente al 11% del PIB. El paquete de medidas incluye: reducción de impuestos para empresas y familias, préstamos a empresas y gobiernos locales, ayudas directas a familias, extensión en tiempo e importe de ayudas por desempleo y mayor gasto en sanidad, educación e infraestructuras. Sin embargo, se está hablando que se pueden aprobar nuevos estímulos para asegurar la sostenibilidad de la recuperación, como la extensión de las ayudas por desempleo, más fondos para gobiernos regionales y locales y un nuevo plan de infraestructuras a cinco años que se podría aprobar en septiembre por alrededor de US$1 billon, lo que llevaría a un total de US$3.6 billones en este año, equivalentes aproximadamente al 18% del PIB.

Por otro lado, se está considerando que la Unión Europea pueda lograr un acuerdo para crear un fondo de recuperación para reactivar a las economías del bloque. Se espera que el fondo sea de alrededor de 750,000 millones de euros.

A pesar de los apoyos que otorguen los grandes bancos centrales, habrá países que no tengan la misma capacidad de hacerlo, como es el caso de México, y entre más se prolongue la crisis, será más difícil la recuperación. Entre las cicatrices más profundas que puede dejar esta crisis económica en es la pérdida de empleos. En México se han perdido más de un millón de empleos formales entre febrero y junio de este año, y aunque se ha moderado esta caída, es necesario que se implementen medidas no convencionales para impulsar la economía, porque aunque Banxico baje más las tasas de interés, será insuficiente para reactivar la economía.

Publicado en el semanario El Inversionista Mexicano del 17 de julio de 2020

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