Lo bueno y lo malo de las altas tasas de interés en México

Después de la gran crisis económica global que surgió entre el 2008 y 2009, la mayoría de los bancos centrales tomaron diversas medidas para fortalecer sus economías. La primera, fue reducir sus tasas de referencia, y cuando ya estaban en cero, empezaron con los estímulos monetarios conocidos como QE.

México hizo lo mismo que los grandes bancos centrales, al bajar la tasa de referencia desde 8.25% que se ubicaba a mediados de enero de 2009, hasta 3.0% en junio de 2014, mientras que en Estados Unidos, bajaron a un rango entre 0.0% – 0.25% el 16 de diciembre de 2008, desde 4.75% que estaban en 2007. Sin embargo, a partir del 16 de diciembre de 2015, la FED decidió aumentar sus tasas en un cuarto de punto, a un rango entre 0.25% – 0.50%, y México lo hizo al siguiente día también en un cuarto de punto para dejarlas en 3.25%, con un diferencial de 275 puntos base.

Actualmente, la tasa de referencia del FED está en 2.50%, mientras que el Banco de México la tiene en 8.25%, con un diferencial de 575 puntos base.

Por otro lado, México tiene una calificación crediticia con grado de inversión, lo que significa que la capacidad de pago es adecuada, aunque corre el riesgo que las calificadoras reduzcan la calificación si no se cumple con varias medidas.

La tasa de referencia de México está dentro de las más altas de Latinoamérica, solo por debajo del 71.9% de Argentina, del 22.6% de Venezuela y del 8.8% de Ecuador, y por supuesto estos países no tienen grado de inversión. El país de la región con mejor calificación crediticia que México es Chile y su tasa de referencia es de 3.0%, mientras que Brasil que está varios escalones por debajo de la calificación de México tiene una tasa de referencia de 6.50%, Perú tiene una calificación similar a la de México y su tasa es de 2.75%.

La razón porque Banco de México ha incrementado las tasas de interés a los niveles actuales, la basa en su objetivo prioritario de mantener baja y estable la inflación. Sin embargo, era ilógico que con los incrementos que tuvieron los energéticos durante 2017 y 2018 no subiera la inflación, pero aun así subieron las tasas de interés, generando mayor costo financiero para el país, así como para las empresas e individuos con deuda en moneda nacional, y además frenando el crecimiento económico, porque la gente prefiere ahorrar con las tasas actuales en vez de consumir, ya que el rendimiento real (tasa de interés menos la inflación) debe andar alrededor del 4.0%, dependiendo de los títulos donde se invierta. No queremos decir que el ahorro sea malo, sino que debe haber un equilibrio con el crecimiento económico. La parte “buena” de las altas tasas de interés, es que México ha mantenido los flujos de capital extranjero al país, y eso ha permitido que el tipo de cambio se haya apreciado a niveles por debajo de $19.00 por dólar, lo que ayuda para que la inflación no suba, pero el riesgo de mantener mucho capital extranjero “golondríno” es un riesgo, porque puede volar en cualquier momento.

Las altas tasas de interés reales también ponen en desventaja a los mercados accionario, porque la gente prefiere invertir su dinero en instrumentos de bajo riesgo, sobre todo cuando existen factores de incertidumbre elevada.

Algunos países con tasas de interés muy bajas, tienen el problema que ante un choque económico, no podrían enfrentarlo con las tasas de interés, y utilizarían otras medidas que pueden resultar más caras, como lo hicieron los bancos centrales de las principales economías del mundo con programas cuantitativos (QE) que aún mantienen después de más de 10 años de la Gran crisis económica.

Este artículo fue publicado el 26 de abril de 2019 en la editorial de nuestro Semanario El Inversionista Mexicano.

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